|
La próxima vez que vengamos en verano a esta playa, ya no será lo
mismo. Desde ahora, ya no podemos olvidar que la hemos visto en su
desnuda belleza, en la naturalidad de sus olas libres, de su atardecer
sin prisas y sin sombras, con las campanadas de las horas cayendo sobre
la arena, mientras contemplamos cómo el agua se acerca y se distancia
de la ciudad a cada instante, a cada respiro del océano profundo.
|
|
De algún modo, en este viaje hemos conseguido lo que más cuesta:
dejar nuestra ciudad para vivir en otra. Cuando en otro próximo verano
regresemos a Copacabana, caeremos en la cuenta de haber vivido ya un
vez en Río de Janeiro; no somos más solamente veraneantes, ¡somos
cariocas! |